Cada 20 de septiembre, en su décimo aniversario, la efeméride invita a mirar tanto a quienes compiten por un campeonato como a quienes encuentran en el deporte una forma de pertenecer a su universidad
Una estudiante sale de clase y corre hacia el entrenamiento. Otro acomoda sus horarios para llegar a un partido fuera de casa. En una cancha distinta, un grupo se reúne simplemente para jugar después de una jornada de estudio. Sus experiencias no son iguales, pero todas forman parte del deporte universitario que se celebra este 20 de septiembre.
La UNESCO y la Federación Internacional de Deporte Universitario (FISU) impulsan el Día Internacional del Deporte Universitario como un espacio para acercar la actividad física a la vida académica y a las comunidades que rodean los campus. La fecha se celebra desde 2016 y llega este año a su décimo aniversario. Su propósito incluye promover el juego limpio, el respeto, el diálogo y la práctica regular del deporte.
Mucho más que una competencia
Los torneos ofrecen algunas de las imágenes más visibles del deporte universitario: una final cerrada, una tribuna llena, una selección que viaja para representar a su institución. Detrás de esas jornadas hay una tarea menos visible y cotidiana. Entrenar exige tiempo; competir puede implicar traslados, gastos y ausencias de clase que deben resolverse. Para muchos estudiantes, el reto consiste en sostener a la vez su trayectoria académica y su compromiso deportivo.
También existe una vida deportiva que nunca aparece en una tabla de posiciones. Está en quien entra por primera vez a un equipo, en los grupos que ocupan las instalaciones entre clases y en las actividades abiertas a personas con distintos niveles de experiencia. La efeméride les pertenece tanto como a los atletas que disputan títulos.
Una pregunta para las universidades mexicanas
En México, hablar de deporte universitario significa mirar instituciones públicas y privadas, ciudades grandes y campus regionales, disciplinas con amplia cobertura y otras que rara vez llegan a los medios. La celebración ofrece una oportunidad para preguntar cuánto espacio real tiene la actividad física en la vida de sus estudiantes: quiénes pueden participar, qué apoyos encuentran y qué hace falta para que continúen.
Son preguntas que no se responden con una ceremonia de un día. Requieren escuchar a deportistas, entrenadores, docentes y responsables de los programas universitarios. También requieren observar las condiciones de entrenamiento y contar historias de distintas regiones y disciplinas, con la misma atención para mujeres y hombres.
Para la conmemoración de este décimo aniversario, FISU propuso una actividad colectiva bajo la idea «10 años, 10 kilómetros»: que las comunidades se muevan y compartan lo realizado desde sus propios campus y ciudades. La iniciativa expresa el sentido amplio de la fecha. Participar puede empezar con una caminata, una carrera o cualquier actividad que abra espacio para encontrarse a través del deporte. FISU
El 20 de septiembre pasará, pero las prácticas, los partidos y las clases continuarán al día siguiente. Ahí se mide el alcance de esta efeméride: en la posibilidad de que más estudiantes encuentren un lugar para moverse, competir si lo desean y sentirse parte de su comunidad universitaria.
