La estudiante de Artes Visuales de la UNAM conquistó dos títulos panamericanos de kickboxing en Chile. Entre las aulas, el entrenamiento y la competencia internacional, ha encontrado en la disciplina una forma de crecer dentro y fuera del tatami
Hay historias universitarias que parecen construidas a partir de mundos opuestos. Valeria Rosales Sánchez estudia Artes Visuales en la Facultad de Artes y Diseño de la UNAM, pero cuando termina la jornada académica cambia las herramientas de creación por los guantes y el tatami. Ahí también ha encontrado otra manera de expresarse: el kickboxing.
La universitaria regresó de Chile convertida en doble campeona panamericana, luego de conquistar las medallas de oro en las modalidades de Kick Light y Light Contact, división de -50 kilogramos, durante el Campeonato Panamericano de Masters & Seniors de Kickboxing 2026, celebrado del 12 al 16 de agosto en Olmué y Valparaíso.
El resultado representa mucho más que dos medallas. Dos años atrás, también en Chile, Rosales había conseguido la plata panamericana en Kick Light. Volvió al mismo escenario continental con mayor experiencia y encontró una medida concreta de su evolución: esta vez subió dos veces a lo más alto del podio.
“Había participado en un Panamericano, también en Chile, hace dos años, y me había traído la medalla de plata en Kick Light. Este año fueron dos modalidades de combate diferentes, di todo de mí y por fin fui campeona panamericana, además dos veces”, relató la deportista universitaria.
Estudiante de tercer semestre, Valeria ha aprendido a hacer convivir dos actividades que demandan tiempo, concentración y constancia. El arte y el deporte pueden parecer caminos distantes, pero en su vida terminan encontrándose en un punto común: la disciplina. Organizar clases, trabajos académicos y entrenamientos forma parte de una rutina en la que cada hora cuenta.
“Hacer algo que te gusta ayuda mucho, porque te hace disciplinada y estableces bien los horarios. Al mismo tiempo, ser metódica en el deporte ayuda a serlo en otros aspectos de mi vida”, explicó.
En Chile, la representante mexicana tuvo que resolver combates con características distintas. En Kick Light se impuso en la final a otra competidora de México por decisión unánime después de tres rounds. Su estatura y el manejo de la distancia se han convertido en parte importante de su estilo, pero detrás de esas ventajas existe el trabajo acumulado durante meses de preparación.
“Las rivales fueron fuertes. Cuando estaba arriba lo disfruté y así es más fácil que te salga todo lo que trabajaste en el año”, señaló Rosales, quien reconoce que competir con confianza le permitió trasladar al tatami aquello que había construido durante los entrenamientos.
Sus dos oros también contribuyeron a una destacada actuación de México en el certamen continental. La delegación nacional terminó como la segunda mejor del campeonato con 43 medallas: 22 de oro, 10 de plata y 11 de bronce.
Pero para Valeria el recorrido no termina con el Panamericano. Su siguiente objetivo será el Campeonato Nacional de octubre, competencia que otorgará lugares para la preselección mexicana de 2027. En el horizonte aparece nuevamente el Campeonato Mundial, una experiencia que ya vivió en 2025 y a la que pretende regresar con mayores aspiraciones.
“Quiero ir otra vez y subir de nivel. Voy a entrenar duro para llegar mucho más lejos de lo que llegué el año pasado”, anticipó.
En Deporte Universitario hemos encontrado repetidamente historias en las que el resultado deportivo es apenas una parte de algo mayor. La de Valeria Rosales pertenece a ellas. Una estudiante que crea en las aulas y combate sobre el tatami; que encontró en el deporte una escuela de organización, constancia y carácter.
Dos medallas de oro cuentan lo que ocurrió durante unos días en Chile. Su verdadera historia se construye todos los días, entre el arte, la universidad y el combate.
